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27 de junio de 2012

MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (3)

¡Más aventuras por el desierto de mi novela! En el episodio anterior era de noche, Donald y yo estábamos cenando, ¡y de repente apareció un jinete cabalgando hacia nosotros con una espada en alto! ¡Y encima iba gritando terribles amenazas!

No me molesté en desenvainar mi cimitarra. Le hice un gesto a Donald y él se plantó frente al jinete, lo derribó y lo sujetó cabeza abajo por una pierna. (El caballo escapó corriendo, muerto de miedo. Pobrecito.)


Aquí el jinete quedó totalmente desconcertado. Quizás no esperaba que mi dragón fuera tan hábil en el combate cuerpo a cuerpo. Como sea, le hice señas de que se calmara y le pregunté:

—Eh... disculpe, pero ¿cuál es su problema, señor?

El jinete se tranquilizó un poco. Luego respondió con una voz poco firme:

—Yo... vi una frágil doncella en peligro y vine a rescatarla.

Miré hacia todas partes buscando a la frágil doncella, pero no la vi por ninguna parte. Luego me di cuenta de que se refería A MÍ. Bue. Tal vez la confusión se debió a que el despistado jinete nunca me ha visto serruchando ramas en mi jardín o martillando clavos.

—Muchas gracias —respondí—, pero la verdad es que no estaba en peligro.

—¿No? ¿Y qué hay de esa bestia espantosa y temible?

Esta vez mi dragón se dio vuelta buscando a la bestia espantosa y temible. Cuando se dio cuenta de que el jinete se refería A ÉL, frunció el ceño y gruñó por lo bajo. No sé si estaba ofendido o pretendía ajustarse al estereotipo.

—Esa "bestia espantosa y temible" es mi dragón —aclaré—. Mi hijo adoptivo. Se llama Donald, y es totalmente inofensivo a menos que alguien lo ataque o tire basura al piso.

—Ah. Oh. Pues... perdonadme entonces, diminuta y pálida doncella. —Lo de "diminuta y pálida" no se lo discutí. Es verdad—. Eh... ¿podríais decirle a vuestro dragón, entonces, que me baje al suelo? Se me está acumulando la sangre en la cabeza...

—Claro. No hay problema. Donaldito, baja al señor. Y ve a buscar a su caballo antes de que se pierda por ahí.

Donald hizo lo que yo le pedí. El jinete se sacudió la arena, hizo una cortés reverencia y dijo:

—Aclarado el malentendido, debo presentarme: me llamo Senti y soy un guerrero de Huru en busca de aventuras.

—Encantada. Mi nombre es Gissel y vengo en plan de turista extranjera. Podemos tutearnos, ¿eh?

—Excelente. ¿Una visitante extranjera? Con gusto te enseñaré todo acerca de las luces guía, los genios de agua y los sitios más interesantes de Huru.

—Oh, lo de las luces y los genios ya lo sé, gracias. —No tuve corazón para decirle al confundido guerrero que yo inventé todas esas cosas—. Pero sí planeaba visitar Immadil —el reino más importante de Huru, donde vive el rey Agalur— y quizás el reino de Mazina, si consigo encontrarlo. Incluso yo sé que la reina lo ha ocultado por medio de la magia para que nadie lo encuentre.

Mientras tanto, Donald regresó con el caballo, sosteniéndolo como a un gato asustado. El pobre seguía relinchando de vez en cuando, pero poco a poco se tranquilizó.

—Pues veo que estás bien informada, joven extranjera. Puedo acompañarte a donde quieras y protegerte de... —Senti miró de nuevo a Donald— no sé, ¿otros peligros que tu extraño hijo adoptivo no sepa cómo enfrentar? ¿Hechiceros malvados, por ejemplo?

Bueno. La verdad es que este guerrero, despistado o no, empezaba a caerme bien, y además parecía muy servicial. Y una vez que su rostro recuperó el color normal, hasta lo encontré bastante guapo. Por si fuera poco, tenía razón: no sólo hay monstruos con dientes en el desierto, sino magia peligrosa y hechiceros locos que convierten a las personas en dromedarios (hay bastante de eso en mi novela).

—Me parece bien, noble aventurero —respondí—. Podríamos hacer juntos el recorrido por Huru; si nos ataca un mago chiflado, tú nos defenderás, y si nos ataca algo enorme y con dientes y garras, le dejaremos la pelea a mi dragón.

—De acuerdo. Buen plan.

Nos estrechamos las manos, entonces, y descansamos el resto de la noche junto a la fogata para recuperar fuerzas. Al llegar la mañana... ¡nos preparamos para la aventura!

Estén pendientes de la continuación :-)

G. E.

PD: ¿Qué dicen, lectoras? ¿Creen que sea hora de empezar a ponerle algo de romance a esta aventura? :-D

Artículo relacionado: MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (4).

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21 de junio de 2012

CÓMO HACER LIMONCELLO

Como siempre estoy hablando del limoncello, voy a poner aquí la receta por si alguien quiere aprender a hacer esta deliciosa bebida :-)

Antes que nada, asegúrense de haber cumplido 18 años. ¡No voy a fomentar el consumo de alcohol en menores de edad! ¿Listo? ¿Ya tienen la edad necesaria? ¡Estupendo! Entonces ya puedo pasarles la lista de ingredientes y los pasos para la elaboración del limoncello. Mientras tanto, terminaré de vaciar la botella con el limoncello de la tanda anterior. [Gissel bebe una copita de limoncello.] ¡Salud!

CÓMO HACER LIMONCELLO

1. Consigue limones, muchos limones

Por razones obvias, no se puede hacer licor de limón sin limones :-P En mi jardín tengo dos árboles, y aquí les va una foto de mi última cosecha:


Lindos, ¿no? Y son limones orgánicos, además. Eso NO significa que no sean de plástico, sino que no han sido rociados con pesticidas. O sea, se pueden consumir sin peligro de intoxicación. [Gissel bebe otra copita de limoncello. Mmm, qué rico.] Por cierto, no hay problema con usar limones mutantes... creo. Es decir, dudo de que los limones mutantes causen mutaciones en las personas. Por las dudas, no me hago responsable, ¿eh? Eso incluye la aparición de extremidades adicionales o superpoderes con potencial de destrucción masiva. Que luego vienen los grringos y nos bombarrrdean...

[Otra copita de limoncello. ¡Salud! ¡Hip!] El siguiente paso es lavar bien esosss limones pa' quitarles toda la mugre. Queremos limoncello bien limpito, por máss q' tenga alcohol. (Alcohol mata microbios pero no la mugre. ¡Hip! Y no querrrremos partículas d' mugre flotanddo en limonsshelo. Da asquito.)

¿Ya están bien lavvvadoss esos limonesss? ¡Súpperr! [Más limonshelllo pa' mí. ¡Salú!]

2. Consigue cuchilllo bien 'filado

Cuchillo no es p'matar al vecinno molessto de a'lado q'pone música todda la noshee, ¿eh? Es p'cortar cássscara limmmones. ¡Hipp! Hay q'cortar sólo parte amarisssshha cáscara, no la blanca prrque es amarga. Hacennn falta 6 limonnnes medianos, o 12 pequeñossss, o 5 ggggrandess, o... bue, s'entiende el eqquivalente. ¡Hip! [Gissel bebe otra copita de limonssshelllo mientrasss corta l'mones con cushillo 'filado. Ojo los dedosssss!!]

3. No s'hace licorrr sin alcólllll

P'hacer licorr hace fllta alcól q's'puede comprraar en frmacia. Tiene q'ser alcól rectificado como'l de l'foto. ¡Hip!


Uyss, que la f'to salió brrrosa. ¿O yo veo brrrossso? Da igual. ¡Hips! Nót'se q'lleva cartelito de potable, q'quiere decir BEBIBLE. [Como el limonshelllo. ¡Otra copita! ¡Hiiiiippppsss!] De l'contrario se 'rriesga uno a intosssssicasión y murrrrte en hosptal. ¡Hippp! P'al limonshello necestammos MEDIO LITTTRRRO. ¡¡¡¡Másss no, q'no es güisky!!!!! [Gissseeel saca alcól btella y 'provesha p'desinfetar corrtes en dedosss. Bebeee otra cpita limonssshello. ¡Hiiiip!]

4. Pnneerr cáscarass en alcól

S'buscaa recipinnte y s'ponenn cssscaras d'losss 6 limnes en el mdio litrrro de alcohoool. Hay q'djar así 20 días. Recipiennte debbbe 'star bien cerrrrado prque alcól s'vapora!!


Ufff, todvía veo borrrroso. Como pueddeeenn verrr, alcól s'pone amarissho. Jijiji,p arece pipí d'gato. ¡Hip! [Gissll toma más limoncelllo.]

5. Hacerr almíbarrr cn'zúcar y colarrr alchól.

A los 20díass s'preparrra almíbarr con 1 kkilo 'zúcar y 1 litttro aggua. ¡Hip! Se pnee a fueggo lnnto, removiennn do suvemente hastta q'mpiecen a 'parecer burrbujuitas d'hervor (massomeno a lo 20 minnutoss). Entnces s'deja'nfriar. ¡Hiiiip! [Q'rico'stá limonshello. ¡Salú 'tra vez]

Lueggggo s'cuela alcól c'cáscarasss, usanddo embudo y papel fiiilttro. S'pueden usssrrr 2 capppasss telaa algodón cmo filtrro, no problemmm. S'mezcla alcól cn almíbar y s'agita. Quedda líqido amarillllo cremmoso. ¡Linnnndo! ¡Hip! [Gsssell terrmina vaciar btella limonshello.] Rindde 2 ltroooos.

6. Refriggerarr y dejarrr reposarrrrrr.

Psss, cuántass errrrrressss. S'embotellla limonshello y s'dejjja repossar 15 díasss. ¡Y ya s'puede beberrrr! (siemmmpre fresqito).

¡¡Salúuuú!!


GggG. Eee.

PD: En rrralidddad no m'enborrachao. pero 'sto'sun blogg y brrracherra fiticia no rrrvienta el hígado. ¡¡JAJAJAJAJAAAJAJAJA!! ¡Salúuu!

PPD: No haaay q'manejarrr bebinndo limonshelllllo.

PPPD: No hayy q'dar limonshello a drgón escupefueggo. es inflmabble (e'limonshello, no'l drgón). Aunqe s'puedee tnerr estinguidorr a mano. ¡Hip!

PPPPD: c'jugo limoness s'puede hacerr limonaddda. Jugo purrro s'puuedde embotelllar y conggelar durnte messes.

15 de junio de 2012

MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (2)

¡Continúan mis aventuras por el desierto de mi novela! Si no han leído el episodio anterior, está aquí. ¿Listo? ¡Bien, entonces ya puedo contarles lo que sucedió después de que perdí a Donald de vista!

Fue muy desconcertante encontrarme sola en medio de la arena, porque en Huru no hay demasiados puntos de referencia. Sus habitantes se orientan por el sol, las estrellas... y las luces guía. "¿Qué son las luces guía?", se preguntarán. Bueno, en cierto modo son como los genios de agua: criaturas del desierto que sirven a los humanos y que también se convocan escribiendo símbolos en la arena (ya ven, escribir en la arena de Huru no es muy diferente a hacer una llamada telefónica). Una vez que uno llama a una luz guía, basta con dibujar el sitio a donde uno quiere ir o tocar a la luz guía pensando en dicho lugar, y la luz guía... pues te guiará. Duh! :-P

Por desgracia, ¡no podía utilizar una luz guía para encontrar a mi dragón! Las luces guía tienen una limitación, y es que sólo pueden llevarte a lugares fijos; no sirven para encontrar personas ni dragones perdidos. ¡Grunf! (Si hubiera sabido que perdería a mi dragón en mi propio desierto imaginario, habría modificado esa regla.)

Tuve que recurrir, entonces, a medios más tradicionales para buscar a Donald: seguir sus huellas, esperando que mi dragón no se hubiera echado a volar en algún momento del recorrido. Más valía ahora que no apareciera un genio de aire y las borrara de un soplido, porque de lo contrario...

¿Qué? ¿Quieren que les explique qué es un genio de aire? No problem! Los genios de aire también son criaturas mágicas del desierto... excepto que, salvo uno de ellos (a ése lo conocerán quienes lean la novela), en realidad no sirven para nada. Y lo que es peor: los genios de aire pueden llegar a ser muy tontos y malhumorados, de modo que provocan tormentas de arena cada dos por tres, casi siempre en los momentos más inoportunos :-D (Me pareció una manera interesante de fastidiar a mis personajes en la novela; es que una es un poco sádica a la hora de escribir.)

En fin, seguí las huellas de Donald tratando de no caer en la trampa de un tiburón de arena. (Un tiburón de arena es... bueno, algo así como un tiburón que vive en la arena. Simple. Eso sí: hay que tener cuidado de no caer en sus fauces llenas de dientes.) Así, caminando y llamando a mi dragón a los gritos, llegué a unos montículos en la arena que parecían gigantescos nidos de termitas. Claro que no eran nidos de termitas, sino el hogar de una tribu de hombres-serpiente. Uno de ellos salió a recibirme.


Lindo, ¿eh? (Bueno, es lindo para aquellos a quienes nos gustan las serpientes.) Que no los engañe la espada: los hombres-serpiente son criaturas pacíficas y se alimentan de pequeños animales del desierto. Se puede contar con ellos, sin embargo, como guerreros en defensa de alguna causa noble (algo de eso hay en mi novela). Como los hombres-serpiente no hablan por no tener órganos vocales, me comuniqué con ese individuo por medio de señas y dibujé a mi dragón en la arena para averiguar si lo había visto por ahí. ¡Y el hombre-serpiente hizo un gesto afirmativo! Nos desplazamos algunas dunas más allá y, efectivamente, ahí estaba Donald jugando con más miembros de la tribu, machos y hembras. El interés era mutuo, al parecer, quizás por algún parentesco lejano.

Después de reprender a Donald por dejarme plantada, la tribu serpiente nos invitó a cenar. Sabiendo lo que se venía, traté de inventar alguna excusa, pero nada se me ocurrió. El problema es que... bueno, los hombres-serpiente son un poco como los japoneses: les gusta la comida cruda... y viva. De pronto me vi con un asustado ratón en la mano.


No soy vegetariana, pero la verdad es que no me va lo de comer roedores crudos, de modo que hice lo que haría cualquier niño que tuviera en su plato algún alimento repulsivo: sin que los hombres-serpiente se dieran cuenta, le pasé ése y los demás ratones a mi perro dragón. A Donald le vino bien, ya que su dieta consiste principalmente en aves capturadas alrededor del aeropuerto (él aún tiene ese empleo).

Una vez terminada la cena, nos despedimos de la tribu serpiente y seguimos el recorrido turístico por Huru. Pronto se hizo de noche, de modo que llamé a un genio de agua para que trajera leña y algunas frutas (¡los genios de agua también hacen eso!). Donald encendió la leña para la fogata, yo me comí las frutas y... ¡de pronto vimos a un jinete que se abalanzaba hacia nosotros blandiendo una espada!

Una vez más, esto ¡continuará! :-D

G. E.

Artículo relacionado: MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (3).

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7 de junio de 2012

FELIZ CUMPLEAÑOS, PRIMA PAULA

Hoy me toca hablar sobre alguien muy especial en mi vida. Obviamente, por el título, no es mi dragón :-P Lo gracioso es que todavía no he conocido a esta persona en persona, valga la redundancia, pero llevamos una amistad sólida que data desde... 1997. ¡Ostras, ya van quince años! Cómo vuela el tiempo...

Cuando mi prima nació en España, yo recién había cumplido seis años. No había mucha posibilidad de que fuéramos amigas por ese entonces; además, mi media hermana tuvo la ocurrencia de hacerme tía a esa edad también (¡desconsiderada!), y mi sobrino vivía un poquito más cerca de mi casa. No era interesante, en realidad. Al menos no después de los primeros cinco minutos. (¡Cómo berreaba el crío, por Dios! Parecía sirena de bomberos.)

Cuando yo tenía doce años, mi prima tenía seis. O sea, todavía era un poco pronto para encontrarla interesante (lo sé, sueno como el doctor House, pero es que la gente en general me aburre). En algún momento, sin embargo, gracias a esa cosa obsoleta hoy en día que era el correo postal, se me ocurrió que quizás valiera la pena entablar una amistad con mi prima Paula, aunque fuera por carta. Es que ella mandaba bonitas postales y parecía ser una chica inteligente y cariñosa, lo cual, lamentablemente, no es algo que pueda decir de todos mis demás primos y primas (antes de que lo pregunten, tengo toda una manada de primos y primas, más de diez).

Aprovechando mi primera computadora, que me permitía imprimir las cartas con una letra indudablemente más legible que la mía, le mandé el primer mensaje a mi prima. Y así hemos seguido hasta el día de hoy... en el que por fin existe el bendito correo electrónico y ya no tenemos que esperar siglos para comunicarnos :-D

Ahora me preguntarán qué es lo que tiene de especial mi prima para que me caiga tan bien, si soy tan quisquillosa como el doctor House. Voy a dar mis 10 razones favoritas.

MIS 10 RAZONES FAVORITAS PARA QUERER A MI PRIMA

1. Es una de las pocas personas auténticamente buenas que conozco. (A decir verdad, prima, tienes que dejar de ser tan buena, o la gente seguirá aprovechándose de eso. Aunque puedes hacer una excepción conmigo, claro; prometo no aprovecharme de tu bondad más de una vez o dos al mes.)

2. Es una de las pocas personas auténticamente cariñosas que conozco. Si fuera un juguete, sería una osita de peluche y todo el mundo tendría ganas de abrazarla.

3. Tarda bastante en perder la fe en las personas. De verdad, que no se da por vencida cuando yo en su lugar ya estaría buscando mi cachiporra.

4. Se preocupa por los demás, incluso cuando su preocupación no es debidamente correspondida. (Esto último dice más de los otros que de ella, por cierto.)

5. Se preocupa por el mundo y trata de entender por qué van tan mal las cosas, buscando alguna manera de arreglarlas. (Ah, si tuviera los recursos para enmendar ciertos problemas... Por desgracia, muchas soluciones se quedan en la etapa de hermosas teorías. Bueno, tal vez pueda darle el poder si alguna vez consigo llevar a cabo mis planes de dominación mundial, pero eso no lo mencionen porque es un secreto.)

6. Si todas las personas en este mundo fueran como ella, no habría más guerras. (Ojalá pudiera decir lo mismo de mí, pero no me fío demasiado; mi signo zodiacal es Aries.)

7. ¡Sabe hacer críticas constructivas sobre lo que escribo! (Las he aplicado, por cierto.)

8. ¡Sabe dar en el clavo con los regalos! Especialmente los míos. Esto ya lo había dicho, pero es importante. Quiere decir que mi prima ESCUCHA, lo cual es una habilidad que raras veces encuentro por ahí.

9. Es una chica lista, aunque ella misma no se lo crea.

10. Gracias a ella conocí a la cantante Anastacia, que es una de mis favoritas. (Ahora puedo cantar I'm a freak of nature! por toda la casa sin que suene demasiado extravagante.)

Por todo esto y mucho más, prima Paula, mi dragón Donald y yo te deseamos un muy, muy, muy feliz cumpleaños :-)

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PRIMA PAULA!!

G. E.

PD: Espero que te guste la torta de chocolate con gomitas de fresa.

PPD: Es la quinta torta, por cierto; Donald se comió las tres primeras y el dinosaurio se comió la cuarta. Sinvergüenzas... Menos mal que a mi gato le tengo prohibido el chocolate.

PPPD: Luego te explico lo del dinosaurio, es una cosa de Twitter.

PPPPD: ¡Besotes!

3 de junio de 2012

REGALOS QUE NI FU NI FA, OTROS QUE ¡UAU!

A menudo es difícil buscar el regalo apropiado para una persona, ya sea porque uno no la conoce demasiado bien, o porque no sabe lo que tiene/necesita, o porque sus gustos son demasiado caros, o porque no sabemos su talla de ropa, o porque nosotros andamos escasos de dinero, etc. etc.

He vivido lo suficiente como para tener una amplia experiencia en cuestiones de regalos, y ahora puedo determinar cuáles me han venido bien, cuáles han sido neutros y cuáles no me han gustado nada de nada.

Para empezar, y considerando que soy ecologista y anticonsumista, paso de cualquier chuchería barata que no sirva para nada y cuya fabricación haya generado contaminación. Una amiga de mi madre tenía la mala costumbre de hacerme este tipo de regalos, y al final le dije a mi madre que por favor no le recordara a esa mujer cuándo era mi cumpleaños, para que no me regalara nada más. Sí, apreciaba la intención, pero no tenía ganas de recibir otra chuchería que sólo serviría para a) juntar polvo, b) ocupar espacio o c) regalar a una tercera persona a quien probablemente tampoco le serviría para nada.

Ya mismito voy a establecer esta regla en cuestión de regalos: porfis, no me den nada que sólo sirva para juntar polvo y telarañas. Excepciones: esa hermosa y enorme figura de porcelana Lladró con dos cisnes en vuelo, o un cráneo de dinosaurio (para mi sala de estar).

También paso de todos los regalos que no generen una reacción emocional, aunque sean útiles. Me refiero a dinero, calcetines o sábanas (excepción: unas sábanas con dragones que vi en Pinterest y que me parecieron fenomenales). Es que las cosas sin valor emocional puedo comprarlas yo misma, gracias. Ah, y una nota para los padres: NUNCA manden a sus hijos al cumpleaños de algún amiguito con regalos de esta clase. Los hacen quedar horrible. (Lección aprendida de cuando mi madre me hacía regalar ¡¡bragas!! a mis amiguitas. Seriously?)

A estas alturas también paso de que me regalen libros, por tres razones: 1) soy muy selectiva con lo que leo, prefiero elegir yo misma mis lecturas, 2) los libros en papel entran en la categoría de objetos que juntan polvo y telarañas y 3) ya no quiero más libros en papel desde que tengo un Kindle. Últimamente no se está publicando nada que considere que valga la pena leer más de una vez, de modo que me he volcado a los libros electrónicos (que además pagan mejor a sus autores y no alimentan a las distribuidoras mafiosas).

También soy selectiva con la música, pero si alguien me regalara uno de los muchos CDs que tengo pendientes en mi Wish List de Amazon, eso sí lo apreciaría :-)

Otros regalos que he valorado (y utilizado) mucho: prendedores, llaveros y camisetas con diseños raros. ¿Por qué? Porque los puedo usar según mi estado de ánimo y no ocupan mucho espacio en los cajones. Saqué una foto de mis prendedores favoritos:


Bueno, el gato a la izquierda lo compré yo, en realidad, pero ojalá me lo hubiesen regalado. Está fenomenal :-D Los otros dos fueron regalos de amigas. ¿Por qué no hablo de joyas? No es que no me gusten, pero... en mi ciudad no las puedo usar. Demasiados atracos :-(

Otros regalos que aprovecharía: los pósters. Son intercambiables y fáciles de guardar, al igual que los prendedores. Éste es mi póster favorito (me vino de regalo con un libro):


Supongo que resulta bastante obvio por qué me gusta tanto :-D En fin, si alguien más quisiera regalarme un póster, que vaya a DeviantArt y busque por ahí. Hay muchas imágenes en este estilo, y de paso alimentaríamos a algún artista (a ellos nunca les sobra el dinero; en eso se parecen a los escritores).

Ya he dicho que los bolígrafos siempre me vienen bien. Libretas de notas no necesito porque, como ecologista y anticonsumista que soy, aprovecho cualquier papel con un lado en blanco que llegue a mi casa por debajo de la puerta :-P

Algunos otros regalos que me encantarían:

1) Un reloj de cuco negro del que saliera un cuervo gritando "¡nunca más!" al mejor estilo de Poe.

2) Que me invitaran a volar en ala delta o globo aerostático.

3) Que me invitaran a ver patinaje artístico, una carrera de Fórmula 1 o monster trucks, una pelea de robots, una muy buena película de horror (incluso en mi cumpleaños) o una película de superhéroes en la que al menos un hombre lindo y musculoso tuviera una escena sin camisa :-P

4) ¡Que me invitaran a un concierto de Epica!

5) Una guía pormenorizada de lepidópteros (= mariposas) o aves del Uruguay (así podría identificar a las aves de rapiña que veo en mis caminatas por la ciudad).

6) ¡Minions o pitufos!

7) Una planta carnívora que devorase ladrones de limones o a los vecinos molestos.

8) ¡Una mochila cohete! (En realidad quisiera el traje de Iron Man, pero eso ya sería demasiado.)

Y por último, en caso de duda, pueden optar por este regalo sencillo pero infalible: ¡¡¡CHOCOLATEEEEEEE!!!

¡El mejor regalo del mundo!

Espero que esto les sirva para inspirarse/orientarse la próxima vez que necesiten regalar algo a alguien (aunque no sea yo). Y ahora siéntanse libres de compartir, en los comentarios, cualquier experiencia buena/mala/rara en cuestiones de regalos :-)

G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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